lunes, 28 de diciembre de 2009

Acogido en el infierno/So you think you can tell heaven from hell.

Él (solo, sentado en su lugar favorito, con solo una luz amarilla): Ja! Por suerte esto es lo mejor para mí (sarcasmo). Mi última oyente se fue; se despidió diciendo que nunca volvería. Mi voz, sin destinatario ahora, sólo dará bienvenida a la locura. No hay dudas en que me ha cambiado la voz, notas muertas son lo único que emite. Jája! Ni qué hablar del mensaje por emitir; producido desde un alma vacía, formado por una voluntad con intenciones de abandonar el presente. Ahora sé que seré repulsivo para nuevos posibles oyentes, ¿quién querrá escuchar una voz muerta? Nadie notará la existencia de un ser sin vida, pues mi vida se fue con ella. O me queda esperar el fin de mi existencia sin vida, o darle fin con mis propias manos. Esperar este fin será un calvario; en el peor momento de mi vida, ¿qué será lo mejor para mí?

Él (pocas acciones después): Parece que ni siquiera yo sé qué es lo mejor para mí. Actué en un territorio que no era mío. A pesar que me encuentro en lo descrito como infierno, mi alma se siente aliviada. El sufrimiento que expreso aquí es expresado por otros muchos. Compartimos las decisiones que tomamos para hallar este estadio. No sé cuánto tiempo ha pasado, de repente mucho, de repente nada; no percibo el tiempo en este actuar constante. Del montón, nos hemos reunido unos cuantos y cuantas, ya que nos encontramos aquí por la misma circunstancia de suicidio. Lo que nos diferencia del resto, es que al haber sufrido tanto, el sufrimiento que tenemos aquí no nos ocupa por completo; de cierta manera podemos aguantarlo, podemos hacer algo más que sufrir. Parece que al fin hemos encontrado a nuestros oyentes.


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