Los seres humanos tememos. Tememos a lo que atenta contra nuestros seres, o contra lo que nos permite ser. Por ejemplo, normalmente, el ser humano tiene la necesidad, o deseo constante, de expresarse oralmente; si existiese una criatura que callara a los seres humanos pese a su necesidad, o deseo, normalmente sería temido por nosotros. En este caso, crearía una una cinta scotch gigante, personificada. Esta cinta scotch gigante desea callar a la humanidad, y lo hará mientras pueda.
La gente necesita y quiere comer, pero no quiere ser comida; normalmente, nadie quiere que su existencia acabe. Siendo así, y teniendo en cuenta las características de los dientes carnívoros, afilados para desgarrar carne, si muestro una criatura habitualmente cazada para ser comida con deseos de venganza, con estos dientes carnívoros, y hambre, naturalmente la gente deberá asustarse. De repente es por este miedo universal, miedo inconsciente sobre la posible venganza que deben tener los inocentes animales hacia nosotros, sus cazadores, que tememos a los dientes afilados, y son tan comunes en los monstruos.
Los monstruos deben dar lógicamente miedo a las personas, presentar características posibles, o imaginables, que nos inquieten, nos saquen de un estado de tranquilidad. Deben ser lógicos, sin embargo, al no presentar señales de existencia en la realidad muchas veces son cómicos en lugar de terroríficos.
Si todos fuéramos niños, sin experiencia en el mundo, sin un juicio definido, donde todo lo posible, lógico, existe; nos asustaríamos de estas criaturas ficticias. Existen estados, a los que pienso se le denomina locura, en los que no puedes declarar una criatura como existente o no. También existen casos en los que se prefiere vivir por completo en este mundo lógico, olvidándose del real. Por supuesto es divertido olvidarnos de la existencia o no de todo lo que se nos presenta, nos permite experimentar un mundo sin límites naturales, donde hasta lo inimaginable es posible.
Es este juicio y experiencia lo que nos permite seguir pisando la realidad, y no estar asustados de algo inexistente, y nuestra imaginación la que nos sitúa en el mundo presentado por el autor, y nos permite jugar con criaturas inexistentes.