lunes, 21 de septiembre de 2009

Un encuentro con los mensajeros de lo no-violencia.

Hoy, en el parque Kennedy, me encontré con los tambores de un grupo de concientización ecológica. Me hablaron de un modo de vida de paz que evitaba el daño ambiental. Me gustaron mucho sus ideas: un hombre no puede vivir en paz al comer cadáveres, se puede prescindir de los productos que dañan el planeta, el hombre pasó a contaminar más al hombre modificando el estado natural de sus alimentos, lo eficiente y eficaz que puede ser la Satyagraha, etc.

En un momento, hablaron de la educación que brindan los padres a los hijos, de la mala cultura que estos podían legarles. Esto me hizo recordar la connaturalización con el mal que está sufriendo nuestra sociedad. Es decir, al ser el mal tan familiar entre nosotros deja de ser tan malo, o, lamentablemente, se vuelve bueno. Esto hace que la gente no reflexiva sobre sus acciones considere que hace el bien cuando no lo está haciendo. Recurrir a estos vicios puede ser beneficioso económicamente para el hombre, por ejemplo las coimas, por lo que cuando se señala lo malo de sus acciones, las justifican vacía y egoístamente diciendo que todo el mundo las hace.

Al ser el grueso de la población no-reflexiva y egoísta, puedo decir que el bien popular es malo.

Quisiera felicitar a estos seguidores de Gandhi, su actividad puede ayudarnos a vivir en un mundo más limpio, con almas más limpias.

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