Nuestro momento no alcanzaba la perfección acostumbrada, sentíamos que había algo inconcluso; pues no habíamos tocado el tema. Ciertamente, no expresé mi inconformidad, pero no podía esperar a que relate su aventura.
Los ojos de mi reina se humedecieron, el ser más perfecto de la tierra sintió haberse equivocado. Derramó lágrimas apasionadas por miedo a perderme, mencionando que no quería hacerme daño, y el miedo a que no volviese a ser lo mismo. Conmovido por tan pura sustancia, aclaré la infinidad de tiempo que quería estar con ella, lo bien que me hacía estar con ella, y estuvimos de acuerdo en que mientras el amor sea bilateral viviríamos lo mismo.
Nuestro amor se sobrepuso a la pertubadora molestia que el domingo nos separó. Ahora estamos unidos; confiamos en que la interacción de dos amantes solo puede traer consecuencias buenas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario